El Barça se llevó la Supercopa de España después de vencer en el Camp Nou al Real Madrid en un agónico partido de vuelta por 3 a 2 tras el empate a dos goles de la ida en el Bernabéu. En lo deportivo cabe destacar que el Barça, muy lejos de su mejor forma, pudo con un Madrid que parecía lanzado y dispuesto a derrocar al conjunto catalán después de completar una (ridícula) “pretemporada perfecta”. Nada más lejos de la realidad. El Madrid que debería haber arrasado claudicó ante lo poco destacable que ofreció un Barça al 50%, básicamente Messi y Valdés.
En Madrid quieren creer que su equipo ha dado un paso adelante, que ya tiene al Barça en el punto de mira. Es verdad que el Madrid dispone de mimbres suficientes para ser un rival muy duro pero me parece a mí que sigue claramente por detrás del Barça. Los azulgrana continúan siendo la referencia indiscutible y los movimientos veraniegos no hacen más que confirmar que el club sigue muy metido en faena y que no habrá despistes ni autocomplacencia.
Dejemos el campo y vayamos a los incidentes del final del partido. De todo lo que pasó me queda un concepto muy claro: el Madrid de la mano de Mourinho ha perdido por completo los papeles. El club que presume de ser ‘señor’ y de una historia impoluta está cayendo en lo más aberrante que se puede ver en el mundo del fútbol. Una banda de quinquis que se dedica a jugar con violencia, protestar y agredir si es necesario.
Todo de la mano de un personaje funesto que además de mala persona es cobarde y barriobajero como demostró agrediendo por la espalda a Tito Vilanova, del que se mofó en la rueda de prensa posterior. Me cuesta creer que los aficionados del Real Madrid estén a gusto siendo representados por este energúmeno. Y la locura de Mou sigue en expansión. Gente como Marcelo o Pepe se apuntaron rápido al arte de la violencia, pero es que personas normales como Casillas también están fuera de sí y después tienen que ir pidiendo perdón al contemplar el ridículo que están haciendo.
Viendo la actitud de los blancos y el silencio cómplice del ‘honorable’ señor Florentino Pérez, al Barça sólo le queda un camino: romper relaciones con el Madrid. Sandro Rosell lo dejó muy claro: ni una más. Ahora es preso de sus palabras y si se inhibe en este caso estará engañando al socio y haciendo un flaco favor a la entidad. El Barça no debe relacionarse con un club indigno que ha decidido que todo vale para que los irreductibles catalanes caigan de la posición más alta del podio del fútbol mundial.
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